Los microfósiles más antiguos del planeta pueden tener más de 4.000 millones de años de antigüedad Los microfósiles más antiguos del planeta pueden tener más de 4.000 millones de años de antigüedad
Encontrados en Quebec los que serían los signos más antiguos de presencia de vida en la Tierra. Agua procedente del fondo marino que brotaba a... Los microfósiles más antiguos del planeta pueden tener más de 4.000 millones de años de antigüedad

Encontrados en Quebec los que serían los signos más antiguos de presencia de vida en la Tierra. Agua procedente del fondo marino que brotaba a una temperatura de decenas o incluso de cientos de grados. En este ambiente aparentemente tan inhóspito sería donde surgió la vida en la Tierra. Así lo muestran los que serían los microfósiles más antiguos descubiertos hasta ahora, localizados en unas rocas sedimentarias de Quebec.

Se trata de estructuras que tienen un diámetro que no supera los 14 nanómetros –milionèsimes de mil·límetre–, unas mil veces más delgados que un cabello humano. Se han encontrado en Nuvvuagittuq, en la bahía de Hudson, donde hay unas rocas que se cuentan entre las más antiguas del mundo y que incluso podrían ser las más antiguas, con una edad que se calcula entre los 3.770 y los 4.280 millones de años. Se consideran fragmentos del antiguo lecho oceánico.

Hasta ahora, los posibles signos de vida más antiguos se habían encontrado en el oeste de Australia, con una posible antigüedad de 3.460 millones de años, aunque hay dudas en la comunidad científica sobre si realmente corresponden a señales de actividad biológica primitiva.

Estos hallazgos despiertan debate, porque no se observan los fósiles directamente, sino las señales químicas que habría dejado su actividad vital. Por lo tanto, hay que descartar que las señales no tengan un origen que no sea biológico, sino debido a otros procesos geoquímicos.

Un equipo internacional dirigido por Matthew Dodd, de la Universidad de Londres y del centro de nanotecnología de la capital británica, publica en la revista “Nature” un artículo en el que describe pruebas de actividad microbiana en rocas asociadas a fumarolas hidrotermales, que son surgencias de agua marina procedente de los fondos de los océanos y que tienen una temperatura de decenas o cientos de grados.

Los autores observaron tubos y filamentos similares a estructuras encontradas en otros ambientes del mismo tipo y que se producen por actividad mcirobiana. Otros indicios, como gránulos de óxido de hierro y formaciones de carbonato, también son indicadores de actividad biológica.

Los hallazgos complementan las que se describieron también en “Nature” en un artículo publicado en septiembre pasado sobre la presencia de estromatolitos –estructures geológicas creadas por colonias de microbis– en rocas de Groenlandia con una antigüedad de 3.700 millones de años .

Según Matthew Dodd, este hallazgo refuerza la idea de que la vida surgió en la Tierra muy poco después de que se formara el planeta. En aquella época, apunta Dodd, tanto la Tierra como Marte tenían agua líquida, “y esto plantea preguntas emocionantes sobre la posibilidad de vida extrerrestre o si la Tierra fue una excepción”.

Precisamente, tanto la Agencia Espacial Europea (ESA) como la NASA tienen programas de exploración con el objetivo de encontrar signos de vida, actual o pasada, el planeta rojo.

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