Una de las noches más mágicas del verano es la que coincide con la lluvia de estrellas de las perseidas, conocida popularmente con el nombre de lágrimas de San Lorenzo.

Cada año los aficionados a la astronomía y muchos no aficionados miran el cielo a mediados de agosto para ver pasar una estrella fugaz. La estrella tiene una duración muy corta, de sólo unas décimas de segundo, sin embargo, sólo por el hecho de ver pasar uno, vale la pena esperar.

Las Perseidas, que son y su origen

Si popularmente se conoce con el nombre de lágrimas de San Lorenzo, científicamente se llaman perseidas. La lluvia de estrellas se origina por el contacto de pequeñas partículas desprendidas por el cometa Swift-Tuttle con la atmósfera, que se encienden y se funden con los gases que rodean el planeta. El cometa Swift-Tuttle atraviesa la órbita de la Tierra cada 130 años, y la última vez fue en 1992. El cometa, a medida que avanza por su órbita, desprende un rastro de pequeñas partículas. Cuando la Tierra entra en el rastro dejado por el cometa, la atmósfera quema estas partículas a una velocidad de vértigo hasta fundirlas del todo, y de ahí que aparezcan unos instantes.

En realidad, no sólo se ve un día. Tenemos que pensar que el material desprendido por el cometa se dispersa un poco por el espacio. Así, puede ver el fenómeno de la lluvia de estrellas desde la segunda mitad de julio hasta finales de agosto. Ahora bien, los días de mayor intensidad y concentración siempre son alrededor de San Lorenzo.

Un poco de historia sobre las perseidas

El nombre de perseidas se debe a que la lluvia parece irradiar desde la constelación de Perseo. El origen popular de lágrimas de San Lorenzo proviene de la Edad Media, cuando los católicos identificaron el fenómeno con la festividad del santo. Las primeras noticias de esta lluvia de meteoros vienen de China, del año 36 d. C. Hay muchas más referencias entre los siglos VIII y XI los almanaques chinos, japoneses y coreanos, pero el crédito de la observación anual de la lluvia lo tiene el astrónomo y matemático belga Adolphe Quetelet, que fue el primero constatar, en el año 1835, que este fenómeno ocurría en el mes de agosto.

Lugares de observación de las per
seidas

La mejor manera de disfrutar de las noches de las perseidas es sin la ayuda de aparatos ópticos y alejándose de los núcleos urbanos. La contaminación lumínica de los grandes pueblos, ciudades, áreas turísticas o industriales dificultan mucho la visión del cielo, de las estrellas, y, aunque más de la lluvia de estrellas. La luna tampoco es una buena aliada. En fase llena, la luz que emite esconde el cielo que la rodea. La mejor opción es ir a lugares muy oscuros, como las zonas de alta montaña, donde la observación del cielo sea completamente limpia para disfrutar del firmamento y lanzar deseos cada vez que vemos pasar una estrella fugaz.

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