La complejidad del sistema climático es tal que, a pesar de que estamos en un período disparado de calentamiento global hay una zona del planeta donde la tendencia desde finales de los años 90 es la contraria: la península Antártica se enfría. Sin embargo, los climatólogos piensan que esta deriva será una tregua que no durará mucho más.

La península fue uno de los lugares que se calentaron más rápidamente durante el siglo XX, hasta finales de los años noventa. La subida de temperaturas provocó que cerca de 10 barreras de hielo, desde la de Jones a la de Wilkins, retrocedieran o se rompieran. Estas barreras son grandes extensiones de hielo que flota en el mar desde el final de los glaciares. Otra consecuencia del calentamiento fue la disminución de algunas colonias de pingüinos.

Cambio de tendencia

Pero según un informe presentado en la revista Nature, desde entonces ha habido un cambio a vientos más fríos fríos, se ha acumulado más hielo marino y esto ha causado un enfriamiento del aire en la región. Desde 1998 aproximadamente, la temperatura local del aire ha caído alrededor de 0,5º C por década, que es más o menos la velocidad a la que previamente había subido desde los años 50.

Según el autor principal del estudio, John Turner del British Antartic Survey (BAS), la acción de los gases de efecto invernadero ha quedado superada en esta zona por las variaciones naturales del clima local. La estabilización del agujero de ozono sobre la Antártida puede explicar en parte el cambio en los vientos que han llevar al enfriamiento. Es un ejemplo de cómo las tendencias climáticas de largo plazo también tienen una capa de variabilidad más corta en sentido contrario.

El futuro de la Antártida

La evolución prevista es muy diferente. Si nada cambia, los efectos de la acumulación de gases de efecto invernadero, principalmente debidos a la quema de combustibles fósiles, tenderán a imponerse, con el resultado de una nueva subida de temperaturas, del orden de 3 o 4º C para el año 2100.

Otros científicos defienden que el aumento de la temperatura de los océanos erosiona la costa helada de la Antártida y es un factor más determinante para el aumento del nivel del mar que las temperaturas del aire estudiadas por el grupo de Turner. Andrew Shepherd, de la Universidad de Leeds, lo resume en esta frase: “La verdadera amenaza es el calentamiento de los océanos”.

De hecho, en 2014 los científicos detectaron una nueva grieta de decenas de kilómetros de longitud a la barrera de hielo Larsen C. La preocupación es que las barreras de hielo más grandes situadas más al sur de la Antártida se rompan, permitiendo que enormes glaciares deslicen hacia el mar y contribuyan al aumento de los niveles de los océanos.

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