Desde la bomba de Hiroshima las armas nucleares han sido la mayor amenaza para la humanidad. Una guerra nuclear entre grandes potencias podría hacer desaparecer con facilidad la vida humana de la Tierra. Y, paradójicamente, eso es lo que parece haber detenido su uso. Científicos de todos los países, entre los que los mismos diseñadores de la bomba, advirtieron inmediatamente los políticos que el uso de las armas nucleares generaría un conflicto imposible de ganar para que todos acabaría destruido.

A pesar de ello las armas nucleares se fueron construyendo y acumulando a un ritmo infernal desde la primera prueba nuclear, realizada el 16 de julio de 1945. Cuarenta años más tarde, en 1986, había setenta mil cabezas nucleares en el mundo, la cifra más alta a la que se llegó. De estas, hoy, según el Center for Arms Control and Non-Proliferation, ‘sólo’ quedan quince mil, de los cuales la mayoría no son operativos. En total habría 4.916 bombas desplegadas y con capacidad operacional en el mundo, unas cinco mil más que se podrían desplegar en caso de necesidad y otras cinco mil que a pesar de estar ya retiradas todavía se podrían reciclar. Visto desde la perspectiva de 1986 esto significa que se han destruido sesenta mil cabezas nucleares que entonces eran operativos, una cifra que no se puede despreciar en absoluto.

Evidentemente esto no soluciona del todo el problema. Mientras quede una sola arma nuclear con capacidad de ser usada la posible destrucción de la vida humana en el planeta será una opción viable. Pero la tensión nuclear que se vive hoy ya no tiene nada que ver con la que Europa vivió los primeros años ochenta, con el despliegue simultáneo de misiles soviéticos y americanos o la que se vivió durante la crisis de los misiles en Cuba, el momento seguramente más peligroso de la historia del siglo XX.

La gran amenaza ahora no es que haya una guerra nuclear entre Estados sino que organizaciones como el llamado Estado Islámico puedan hacerse con el control de material nuclear y con los conocimientos necesarios para usarlo. Cosa, sin embargo, que no es nada fácil ni en un caso ni en otro.

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