En Driebes, un pueblo de trescientos cincuenta habitantes de la ciudad de Guadalajara, los pequeños jugaban hasta no hace mucho a tirarle piedras a ánforas romanas de 2 mil años de antigüedad. “También jugábamos a romper jarros, vasijas, tejas y piedras. No teníamos ni la más mínima idea de que estábamos destruyendo piezas de un valor inestimable. Éramos solo críos”, explica Mariano Vadillo, sesenta y tres años, vecino del pueblo y pastor retirado.

Empieza esta historia en mil novecientos cuarenta y cinco, a lo largo de la construcción del canal de Estremera, que discurre entre las provincias de Cuenca, Guadalajara y la capital de España, justo donde se encuadra Driebes. En el tramo que atraviesa un cerro pegado al pueblo, apareció ese año un tesoro. Prácticamente mil quinientos piezas romanas de plata, en forma de sortijas, monedas y lingotes. El descubrimiento, el día de hoy exhibido en el Museo Arqueológico Nacional, puso sobre la pista a los arqueólogos. Años después, en la década de los ochenta, 2 de ellos, Jorge Sánchez-Lafuente y Juan Manuel Abascal, apuntaron por vez primera una jugosa posibilidad: bajo el suelo de Driebes, de donde afloran todos estos restos y tesoros, podría encontrarse la urbe perdida de Caraca.

La sospecha aproximaba la solución a un misterio de siglos. Desde la Antigüedad, estudiosos y eruditos llevan buscando la desaparecida Caraca. Los libros de Historia de la Vieja Roma charlan de ella como una urbe mediana de la provincia de Hispania, de unos mil quinientos habitantes y núcleo esencial en la senda Segógriba (Saelices), Complutum (Alcalá de Henares) y Cartagho Nova (Cartagena). Mas no conseguían acotar dónde estaba precisamente. Mucho menos encontrarla.

Adquirir una urbe romana a una monja

En mil novecientos setenta y ocho adquirieron a la familia Roa un terreno de 6 hectáreas en las afueras de Driebes. Concretamente, lo adquirieron a una heredera de la familia que era monja.. Y por ciertas pesetas adquirieron una urbe romana.

Su padre y su tío estaban labrando -intentándolo- sobre la urbe romana de Caraca. En verdad, hasta no hace mucho, a Driebes se aproximaban decenas y decenas de cazatesoros en pos de vestigios. La Guarda Civil controla hoy día el terreno.

En el pueblo hay casas que tienen ánforas romanas de ornamento. Y monedas. Afirman que hay uno que tiene una armadura romana en casa. La cosa cambió de forma radical el mes pasado de noviembre, cuando los vecinos recibieron la visita de los arqueólogos.

El jefe encargado de los arqueólogos sostuvo una asamblea con el regidor de Driebes, y el concejal de Educación y Deportes. Les explicó que tenían la convicción de que en el terreno se ocultaba la urbe de Caraca. Conque los 3 fueron a charlar con los hermanos dueños y les solicitaron permiso para hacer una prospección. Ciertamente, hallaron vestigios de una urbe romana

Con los datos de los arqueologos, tanto el Gobierno de Castilla-La Mácula como el Municipio de Driebes no se lo pensaron. Financiaron la primera fase de las excavaciones, que comenzarán en unas semanas y prohibieron, al fin, tocar los restos con los que el pueblo llevaba conviviendo décadas.

El descubrimiento podría mudar la vida de Driebes. De toda la región, realmente. El pueblo pierde población desde hace unos años, debido a la carencia de empleo que hace que los jóvenes se larguen. Contener uno de los yacimientos romanos más esenciales de España atraería un elevado número de visitantes. Desde el momento en que esto ha salido en la prensa, ya se han recibido cientos y cientos de turistas. Y eso que ni tan siquiera se han comenzado las excavaciones.

El descubrimiento es uno de los más esenciales de Europa en los últimos tiempos. Podría mudar la vida de la región entera

La idea es que los restos de Caraca se puedan visitar desde las primeras fases de la excavación, que resulte posible ser testigo directo de los avances y descubrimientos. Además de esto, Caraca está en un entorno de postal. Se aúpa sobre un pequeño cerro desde el que se puede ver la campiña de la Alcarria Baja y el paso del río Tajo. Alrededor del cultivo se ven restos de muralla y cientos y cientos de piedras talladas amontonadas que los hermanos Ángel y Pedro tiraban cuando les interrumpían en cultivo.

Sospechan los especialistas que Caraca fue descuidada por el hecho de que se agotaron las minas de las que vivía. Otra teoría apunta la peste como causante del abandono del entorno. Sea como fuere, a Caraca le ha surgido ahora una segunda ocasión, una resurrección.

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