Piters Locs, de 70 años, es un convencido activista defensor de una oscura y, al menos oficialmente, inexistente lengua que es la punta del iceberg de una reivindicación casi esotérica. “Somos un pueblo diferente”, explica mientras muestra a los visitantes el museo que él mismo ha montado sobre la lengua y la literatura de Latgale, una región poco poblada llena de lagos, bosques y fábricas soviéticas abandonadas, donde Letonia hace frontera con Rusia.

Aunque Pitera Locs repite una y otra vez que no quiere de ninguna manera que esta región se separe de Letonia, la pasión por la lengua latgaliana y su identidad diferenciada son una muestra de por qué los nacionalistas rusos ven esta región -que representa una cuarta parte del país- como un terreno abonado para hacer aumentar los movimientos que buscan dividir y debilitar la franja más oriental de la OTAN.

Sólo unas 100.000 personas hablan el latgalià, considerado un dialecto del letón por las autoridades de Riga, que no prohíben el uso. Pero los grupos pro-rusos han tomado con entusiasmo las quejas que aseguran que la cultura de la región, muy influida por Rusia, está amenazada, lo que ha alimentado la sospecha que actúan como un frente de Moscú.

En uno de sus últimos artículos, Rostislav Ixenko, un analista político cercano a figuras nacionalistas influyentes en Moscú, instaba Rusia a emprender una “ocupación preventiva” de Letonia, Lituania y Estonia, todos ellos países miembros de la OTAN, y afirmaba que la identidad diferenciada de Latgale podría ayudar a abrir el camino para hacer una “revisión” de las fronteras del Báltico.

Este escenario supondría una repetición báltica de los acontecimientos del año pasado en Ucrania, donde los separatistas pro-rusos y los llamados hombres verdes -los soldados rusos con uniformes sin insígnies- obtuvieron el control de Crimea y del territorio a lo largo de la frontera con Rusia.

Una estrategia similar se ha utilizado recientemente con la aparición en internet de misteriosas reivindicaciones para establecer una República Popular de Latgale, una versión letona de la República Popular de Donetsk en Ucrania, que tiene el apoyo del Kremlin. La agencia letona de inteligencia ha luchado para rastrear el origen de los recursos, pero creen que fueron creados desde Rusia. “Parece una especie de provocación para mirar como reaccionaremos”, explica un funcionario de la agencia. Así, aseguró que no hay señales de fervor separatista en Latgale y describió la República Popular de Latgale como una “creación artificial hecha por extraños”.

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