Ciudades medievales, tiempos prehistóricos y castillos con aire de fortaleza desafían el tiempo en Dordoña. En este fértil y tranquilo departamento francés las imprescindibles líneas cubren buena parte del paisaje. La Dordoña cobra vida a través de una historia milenaria y las agradables panorámicas de la comarca de Perigord. Uno de los núcleos urbanos más importantes, Périgueux, se despega bajo las cúpulas de la catedral bizantina de Saint Front, que rivaliza en importancia histórica con la Torre Mataguerre, emblema de la antigua ciudad medieval. Los mercados al aire libre de 1000 fragancias y el vello patrimonio renacentista animan los paseos en esta antigua villa, la legendaria Vessuna una romana. En el museo galo-romano, concebido por el arquitecto Jean Nouvel, se recuperan estos orígenes y confluyen pasado y futuro.

La mejor prueba que el tiempo adquiere una dimensión en este territorio francés es la ciudad de Sarlat, en el centro del llamado Périgord Negro. El ambiente medieval de las calles la convierte en un escenario de piedra casi irreal, respira el aroma el aroma del foie y la trufa, los productos estrella de la región. Además, imponentes fortalezas como la de Puymartin, conocido como el castillo de la dama blanca, han hecho de la villa un lugar legendario.

Testimonios mudos del pasado, otros castillos se erigen en la Dordoña. Al sur del departamento, luz de Beynac, Fénelon y la Commarque, en la rodalía de Sarlat, y el de Monbazillac, situado cerca de la literaria Bergerac. Más al norte, las fortalezas de Bourdeilles,Puyguilhem, Richemont o Jumilhac se alzan en el paisaje y dominan una tierra de indiscutible atractivo.

Imprescindible: las pintras de Lascaux

A lo largo del valle del rio Vézere, nombrosos yacimientos arqueológicos constatan la remota presencia humana en la Dordoña. Son muestras inmemoriales, las más antiguas con decenas de miles de años, cómo las pinturas policromadas que se encuentran en Lascaux los grabados de las Gorges d’Enfer y Saint-Cirq-Le-Bugue. Los yacimientos de Ferrassie, Castel Merde y Laugerie se descubren también antiguas herramientas de los habitantes de la prehistoria.

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