El atractivo de la capital soriana se funda en una fuerte alianza entre la naturaleza y la cultura castellana: la unión de los bien cantados parajes que el Duero dibuja en torno a la ciudad y el fulgor esculpido de la piedra románica de sus principales monumentos. Soria es un bello lugar creado por los avatares de una intensa historia medieval, ralentizada en siglos posteriores y desembocada, en nuestros días, en un apacible transcurrir. Pero, con mayor fuerza aun, la pequeña ciudad castellana se impone como espacio real inventado por el creador de poetas como Becquer, Unamuno, Gerardo Diego y, sobre todo, de que con mayor acierto supo verla y cantarla: Antonio Machado.

De ser ciertas algunas etimologías, Soria debería al Duero, además de su singular emplazamiento, su propio nombre, derivado del término latino Dauria. Los orígenes difusos de la población podrían remontarse a los tiempos en los que los arévacos de la cercana Numancia pastoreaban sus ganados por la zona, aunque la primera constatación histórica, muy posterior, corresponde a la época en la que cristianos y musulmanes pugnaban por afirmar sus posiciones en la línea del Duero, en el siglo IX.

Cosas que visitar en Soria

La Plaza Mayor, de modestas proporciones, constituye el núcleo original del barrio antiguo. En ella se encuentra el edificio renacentista de los Doce Linajes, sede del Ayuntamiento, la antigua Audiencia, construcción fortificada del siglo XVIII, y la iglesia de Santa María la Mayor, en cuya fachada se abre una portada románica. Un poco retirada se levanta la iglesia de Nuestra Señora del Espino, con una poderosa cabecera del gótico tardío. La calle de Los Caballeros de nombre evidente por las nobles residencias blasonadas, que aún pueden admirase en ella, se alza la iglesia de San Juan de Rabanera, frente a la galería de personajes sorianos que adornan la fachada de la Diputación Provincial.

 

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